
Me encuentro sentado y muy perturbado al empezar a escribir este artículo, estoy frente a mi computadora buscando algún material que revisar de la Internet y poder comprender un poco más sobre este punto, con una mano en el mouse y con la otra afirmando mi cabeza, pero lo único que he encontrado son escritos de autores católicos que hablan de la religiosidad popular del pueblo, y de cómo transmitir estos principios a los demás. Pero me lleno de incomodidad, porque lo que yo deseo esclarecer y exponer a todos ustedes, es como vencer este espíritu que ha corroído nuestra fe y nuestra espiritualidad, afectando en forma tan alarmante nuestra visión como iglesia.
Estoy verdaderamente sorprendido por la contundencia de mensajes que he recibido personalmente con respecto a este tema, donde quiera que escuche un sermón o lea un libro, veo a Dios queriéndome decir algo que no debo olvidar y más aún, lo que debo extirpar del corazón de las personas que Dios me ha permitido pastorear.
Pero no sé porque, me resulta difícil empezar a escribir y a definir las ramificaciones que tiene este tema, tal vez sea porque yo mismo aún no lo tengo bien definido, porque aún no he podido entender en qué momento de la vida, las cosas más selectas de mi enseñanza cristiana se transformaron en ritos religiosos, me cuesta horrores aceptar que lo que hace un tiempo atrás era tan espiritual y sacro, hoy se haya transformado en costumbres intransigentes que me hacen irritarme y molestarme en forma desmedida cuando alguien me sugiere que las haga de una manera distinta. Se me llenan los ojos de lágrimas y empiezo a ver las letras un poco distorsionadas en la pantalla de mi notebook, al reconocer que estoy escribiendo con mi corazón abierto y no con mi orgullo por delante.
He llegado a la conclusión que nadie desea ser un religioso por decisión personal, nadie se levanta por la mañana pensando cómo ser un mejor religioso y cultivar este sentimiento, muy por el contrario, a todos nos resulta incomodo el que alguien se refiera a nosotros como religiosos, o que se refiera a alguien de nuestra familia o de la comunidad en la cual nos congregamos, ósea, nuestra iglesia. Porque todos hemos entendido que para un verdadero cristiano esa definición es tremendamente poco espiritual, despectiva y peyorativa, y nadie quiere ser el blanco de esa definición.
Por lo tanto, creo que la mejor manera de abordar este tema es intentando definir bajo nuestra propia óptica, la religiosidad, o lo que nosotros entendemos de ella.
La semántica de la palabra nos da un concepto en el cual trabajar. Según el diccionario de la lengua española, Religiosidad significa: 1. Cuidado y rigurosidad en el cumplimiento de las obligaciones religiosas. 2. Puntualidad, exactitud a la hora de hacer o cumplir algo.
Después de leer esta definición, se me vino a la cabeza de inmediato una frase que escucho habitualmente como respuesta, cuando el Espíritu Santo me motiva a cambiar o modificar alguna cosa en el culto, o en las tradiciones que tenemos en nuestra iglesia. “Es que siempre se ha hecho de esta manera” dice alguien en un tono firme, que deja en evidencia su molestia ante la sugerencia que recibe.
Todas nuestras tradiciones como iglesia, y vaya que tenemos varias, (no olvide que nuestra misión en este año 2009 cumple un siglo de vida), empezaron de una manera tan simple y sutil, muchas de ellas fueron incorporadas a la iglesia, por el testimonio de algunos de los hermanos, que recibían de parte de Dios, y a veces por sugerencias personales, intentando hacer algo de la mejor manera que se podía en aquella época. La reiteración de estas costumbres y el tiempo, le dieron el carácter de sacro, a todas las cosas que simplemente fueron lindas e ingeniosas ideas que Dios les dio para ese tiempo a un grupo de hermanos a principio del siglo veinte, y que se han perpetuado y arraigado en la vida espiritual de toda una misión, que el día de hoy lucha y gime por entrar en una nueva visión que Dios le está entregando.
Estimado hermano(a), para vencer la religiosidad en tu vida, no es suficiente con un Amén empapado de emoción.
Es necesario un examen profundo a tu corazón, un examen que te permita esclarecer que cosas estás dispuesto a aceptar que cambie el Espíritu Santo. Si en tu lista no incluyes todas las cosas, estás en un grave problema, déjame decirte como pastor de esta iglesia, Dios trato fuertemente conmigo, con mi mente, con mis prejuicios, con mis costumbres, con mis puntos de vista, con mi tolerancia y principalmente con mi carácter. Para aceptar y aprender una verdad innegable. “Dios es soberano, y el Espíritu Santo hace como a él le place, y la multiforme gracia de Dios, no está restringida por las costumbres y tradiciones de una iglesia”.
No entiendo como el ser humano pretende a veces encuadrar al Espíritu Santo en un formato específico, y espera que Dios actúe de acuerdo a esa manera y no quebrante o rompa esa tradición humana. La palabra de Dios nos recuerda que la religiosidad no es el cáncer espiritual de este tiempo, sino que lo ha sido desde que la iglesia es iglesia.
Hay un pasaje bíblico que se encuentra en Lucas 6:6-11, en el cual hay un relato que quiero compartirlo con ustedes: Jesús llega a la sinagoga en un día de reposo donde estaban los escribas y los fariseos, estos eran los religiosos de la época, y por ende los opositores acérrimos que tenía Jesús, en la sinagoga Jesús enseñaba a una muchedumbre ávida de escucharlo hablar, también se encontraba un hombre que tenía la mano seca, este hombre no había pasado inadvertido para los religiosos, ellos estaban muy atento a los movimientos que hacía Jesús, porque querían sorprenderlo transgrediendo las costumbres religiosas de los judíos, que decían que no se podía hacer nada en un día de reposo, ni aún un milagro poderoso, Jesús que no está atado a las costumbres religiosas de ningún tiempo, es el que ve a este hombre, y ve su necesidad, y conociendo los pensamientos de los religiosos, hace una pregunta en voz alta para que todos pudieran escuchar, “¿Es lícito en día de reposo hacer bien, o hacer mal? ¿Salvar la vida, o quitarla?”, sino entendió la pregunta que hizo Jesús a los que estaban ese día en la sinagoga, se la voy a cambiar, o más bien se la voy a actualizar, ¿Es lícito que el Espíritu Santo quebrante nuestras tradiciones o costumbres humanas, porque él quiere en este día alcanzar a un necesitado de su misericordia?
• ¿Cuál es tu respuesta?
• ¿Estás seguro de los que estás respondiendo?
Si es así, quiere decir que estás entendiendo lo que Dios ha puesto en mi corazón, y que me ha costado tanto tiempo poder entender y aceptar de parte de Dios, y que para otros sencillamente ha sido algo imposible de asumir.
Te invito a romper tus moldes y tus tradiciones religiosas, para que le des el control total al Espíritu Santo, para que cambies de actitud cada vez que estás en la casa del Señor, para que no tengas un formato predefinido de cómo será el culto que vas a realizar, y le des la posibilidad al Espíritu Santo que te sorprenda, para que dejes de levantar las manos y decir gloria a Dios por tres veces, sin expresar adoración en tus palabras, sino que solo repitas una frasecita aprendida desde que llegaste al evangelio, y que te hace actuar por intuición y no por convicción.
Podría escribir el artículo más largo de mi vida, enumerándote las costumbres y tradiciones que hoy tenemos en nuestra iglesia, que con el tiempo las hemos transformamos en leyes religiosas intransigentes, pero sé que más de alguno de ustedes se sentiría molesto e incomodo con mis palabras, y como no es mi intención ofenderte, sino que simplemente llamarte a una reflexión profunda y evaluativa, no escribiré tal lista, porque estoy seguro que en este mismo instante el Espíritu Santo está trayendo a tu mente esa lista de costumbres y tradiciones religiosas que tienes en tu vida y que son un impedimento para que el Espíritu Santo se mueva libremente en tu vida y en los demás.
La religiosidad si tuviese que definirla, tendría que decir que es una obra satánica sacada del mismo infierno, es el cáncer espiritual que está matando a las iglesias. Y la única manera de vencer este espíritu inmundo, es reconociendo que estamos enfermos, es dejando de pensar que el afectado es el que se sienta a nuestro lado, y no somos nosotros mismos, es reconociendo que necesitamos pedirle a Dios que nos sane, que estirpe de nuestra alma esta aberración espiritual, es rindiendo nuestra opinión y nuestro punto de vista, para dejarle el control total al Espíritu Santo.
Termino este artículo compartiendo con ustedes un testimonio que me acaba de contar un líder juvenil, y creo conveniente contártelo para que puedas entender cómo trabaja este espíritu de religiosidad en la vida de un creyente, es un espíritu de engaño, que te hace pensar que las cosas espirituales funcionan igual que las cábalas de los futbolistas, te explico esto, si un equipo gana un partido importante se dan el tiempo para anotar y recordar todo lo que hicieron antes y durante el partido, y en el siguiente partido, se ponen la misma ropa interior, escuchan la misma canción que escucharon ese día, y repiten todo lo que hicieron la vez anterior, porque creen que de esa manera volverán a tener una victoria. Algunos creyentes creen que Dios actúa de la misma manera, por eso siempre repiten la misma fórmula que se aplicó en un tiempo pasado. Este concepto es tan fuerte y tan profundo en aquel que lo incrusta en su alma, que lo siega y le nubla el entendimiento, para no ver ni aceptar ninguna manifestación de Dios que no cuadre con lo que está en su mente.
Este líder juvenil me conto, que su abuela pertenece a una congregación Pentecostal ortodoxa, omitiré el nombre de la denominación para no ofender a nadie. Y él en un afán de demostrarle que lo que su abuela pensaba de los jóvenes cristianos de este tiempo era erróneo, la invitó a un congreso juvenil que se realizó en el norte de nuestro país, a lo cual ella acepto la invitación y fue. Este líder juvenil me contó, que este congreso fue uno de los más bendecidos que él había asistido, el poder de Dios cayó en ese lugar quebrantando a muchos jóvenes que rindieron sus vidas a Cristo y fueron bautizados por el Espíritu Santo, en cortas palabras lo de aquella noche fue una verdadera fiesta espiritual donde no quedo mono parado en lo espiritual, perdónenme el termino pero sé que entenderán a que me refiero. Lo sorprendente de este testimonio fue la respuesta de la abuela de este líder juvenil, cuando ya de regreso del evento de jóvenes, él le pregunto que le había parecido todo lo que había sucedido aquella noche, a lo cual ella le respondió. “Todo estuvo muy bonito, pero es una lástima que todos esos jóvenes que pasaron adelante, se vayan a ir al infierno, porque las mujeres andaban algunas con pantalones y los hombres no se pusieron corbata”.
Ningún creyente por más renovado que crea ser, está libre del espíritu de religiosidad, todos de una forma u otra, tenemos algo de él, por lo mismo, te sugiero que constantemente te hagas un análisis con sinceridad y a la luz de la palabra de Dios, para que puedas reaccionar a tiempo y no pases a engrosar la larga lista de los religiosos de este tiempo.
(artículo escrito por el pastor Elías Villanueva Arrieta, para el boletín de nuestra iglesia en el mes de marzo de 2009)













